Prestar atención al muro, su permanencia a lo largo de la Historia, proporciona un rastro material y visible que nos lleva desde su presencia en la actualidad a las primeras civilizaciones, pero siempre e independientemente de sus materiales y magnitudes creando un dentro y un fuera, una inclusión y una exclusión, señalando marcas de pertenencia y de ausencia, de aceptación y de rechazo entre los hombres. En este tema hacemos un recorrido desde los muros de hoy por los muros de la Historia a través de los contextos y voluntades que levantaron estas divisiones.
Desde la cuna africana el hombre no ha dejado de moverse. Impulsos muy distintos han hecho que no hayan cesado los flujos de población, muchos de ellos recorriendo distancias asombrosas para las condiciones materiales del momento, y todos ellos con unas consecuencias importantes para la historia de la humanidad.
La catástrofe es un suceso histórico y un concepto muy sugerente. Está presente en la marcha de la historia, no sólo del hombre sino de la historia natural. De una u otra forma está siempre presente, bien como suceso, como recuerdo o como temor.
Lo que podría ser un obstáculo natural insuperable para el hombre, la inmensa extensión marina ha sido surcada por naves desde tiempos remotos y ha posibilitado contactos de poblaciones y culturas muy distantes entre si. Esa extensión planetaria de agua ha ido como escenario histórico desplazándose y variando su importancia de uno a otro de los espacios geográficos que llamamos mares (el Mediterráneo, el Atlántico, el Pacífico...), pero nunca ha dejado de estar presente en la Historia.
¿Por qué unas regiones de la Tierra, no muy extensas, concentran tanta Historia, irradian influencia civilizadora, y repercuten sus conflictos?
Aun en un mundo globalizado como el de hoy sorprende ver los tiempos distintos que han marcado la vida de los pueblos. Según el momento histórico y según el lugar el reloj de la Historia ha ido más o menos deprisa. Para un pueblo el reloj se movía muy lentamente, casi detenidas sus agujas; para otro, giraban sus manecillas con gran rapidez. En cualquier momento de la Historia de la Humanidad encontramos esta relatividad del tiempo histórico.
El control y la utilización del fuego acompañan al hombre por toda su Historia. Sorprende las formas tan distintas de estar presente en la vida de los hombres y los efectos en la civilización. Lo que comenzó siendo unas chispas que prendían una hoguera es hoy un complejo y dilatado entorno tecnológico en el que el fuego está de alguna manera confinado y aprovechado. Si se olvidara todo el conocimiento acumulado sobre el fuego, el mundo se apagaría, se enfriaría, se detendría. El fuego es necesidad y riesgo; calor, luz, movimiento... pero también incendio. El fuego está en el hogar y en el campo de batalla.
Lo que tenemos a nuestro alcance, desde un alimento hasta un aparato sofisticado, procede de lugares muy alejados de nuestro entorno inmediato. Si bien esta dilatación tan espectacular es un fenómeno muy reciente, el hombre desde sus principios ha procurado no depender exclusivamente de los recursos próximos y, por ello, ha trasladado desde largas distancias materias y productos. Esto ha ido tejiendo a lo largo de la Historia una red cambiante y cada vez más densa de intercambios materiales que envuelve el planeta.